La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. Salmo 19:7, 8.

En contraste con el cuadro moral incierto, ambiguo, relativista y sombrío que prevalece en nuestra sociedad actual, resplandece la radiante belleza de la Ley de Dios.

En el Salmo al cual pertenece el pasaje bíblico de hoy, David pareciera presentar dos temas que aparentemente no tienen ninguna relación.

Por un lado, empieza hablando de la grandeza de Dios manifestada en su obra creadora: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría” (Salmo 19:1, 2).

De repente, el salmista parece cambiar abruptamente de tema porque empieza a hablar de la belleza y la maravilla de la Ley de Dios, con expresiones como las que transcribimos en nuestro texto bíblico para hoy y otras tan hermosas como ellas (ver Salmo 19:9, 10).

¿Son temas independientes, que no están relacionados y que, por accidente, David conjugó en este salmo? De ningún modo. Es que David, al pensar en la gran Ley Moral de Dios, la asociaba con su fundamento último: el Dios creador. Es decir, la naturaleza, en este caso el macrocosmos, presenta evidencias de que un Ser infinito en sabiduría y amor creó el universo de acuerdo con un diseño. El Autor de la vida y del ser humano sabe, entonces, cómo debe “funcionar” el hombre para ser realmente feliz. Él sabe qué conductas nos hacen bien, y cuáles nos dañan y nos provocan infelicidad. Entonces, en la sabiduría infinita de Dios, que conoce lo que es mejor para nosotros, y en su amor infinito, que lo mueve a desear nuestro bien, está el fundamento de su competencia y su derecho a decirnos cómo debemos vivir. Su Ley tiene como cimiento el hecho de que él es el Autor maravilloso de todo lo que existe.

¿Confiarás hoy en tu Creador y Padre amante, infinitamente sabio y amoroso, para elegir transitar por sus sendas morales? Haz la prueba, y como David comprobarás que “en guardarlos [los mandamientos de Dios] hay grande galardón” (Salmo. 19:11).

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie






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